La noche estaba silenciosa, y eso ayudaba a que Hafiz disfrutara de su baño caliente. La habitación estaba iluminada por velas e incienso que conferían al ambiente un entorno onírico. Cerró los ojos y llamó a una de sus concubinas para que le deleitara con un exótico baile, esta noche sería la de Hadina. La joven vino tímidamente hasta ponerse a la vista de su señor y comenzó a bailar, lo que satisfizo a Hafiz:
— ¡Caramba, muchacha! Cada vez lo haces mejor. Si continúas haciéndolo así de bien, te dejaré meterte en la bañera conmigo — y Hafiz sonrió lascivamente, pero la chica enrojeció de vergüenza.





